LA COJERA ES SOLO LA PUNTA DEL ICEBERG

Una creencia muy extendida es pensar que, porque un caballo no cojea, todo está bien. De cierta manera es comprensible, pero hoy en día sabemos que no siempre es así.

Los caballos son expertos en ocultar el dolor. Pueden adaptarse, compensar y utilizar otras partes de su cuerpo para evitar una molestia. Esto se trata de un comportamiento de supervivencia y así, ocultar vulnerabilidad frente depredadores. Este comportamiento ha sido arrastrado evolutivamente hasta la actualidad.

El problema es que al igual que los humanos, cuando nos molesta alguna parte de nuestro cuerpo y cargamos otras zonas para evadir ese dolo, puede acarrear otras dolencias encadenadas.

Señales que aparecen antes de la cojera que nos pueden ayudar a evitar un problema mayor:

  • Posturas antálgicas: Los caballos adoptan posturas antálgicas de forma inconsciente con el objetivo de aliviar tensiones o molestias. Estas posturas suelen mantenerse en el tiempo y pueden pasar desapercibidas si no se observan de forma habitual. Por esta razón es esencial observar detenidamente nuestro caballo en su día a día.
  • Tropiezos leves pero constantes: Los tropiezos repetitivos, aunque sean leves, pueden deberse a que el caballo evita completar correctamente el gesto del paso o a una mayor sensibilidad en los cascos, lo que le lleva a no cargar el peso de forma completa. ambas situaciones pueden diferenciarse observando el tipo y momento en el que se produce el tropiezo.
  • Cambios de carácter o comportamiento: Durante la colocación del equipo, el cepillado o la palpación corporal pueden observarse gestos de incomodidad, tensión facial o actitudes poco habituales. En situaciones de dolor más avanzado, estos signos pueden intensificarse y manifestarse en forma de defensas, mordiscos o coces.
Caballo en una caja
  • Rozaduras o zonas sin pelo: La aparición de calvas y rozaduras en zonas como: cadera, rodilla o corvejon, puede estar relacionada con dificultad para tumbarse o incorporarse. Cuando el caballo no puede ejercer el esfuerzo necesario o presenta molestias al generar el impulso, tiende a apoyarse de forma incorrecta, prolongada o arrastrarse en el suelo, lo que favorece la aparición de lesiones por fricción y presión.

  • Cargas desiguales: Un reparto equilibrado de la carga corporal tanto en descanso como durante los entrenamientos es esencial para la correcta función del aparato locomotor. Ante el más mínimo desequilibrio, es habitual observar diferencias en el desgaste de los cascos y en el desarrollo de la musculatura. En casos de molestia mantenida o avanzada, pueden aparecer incluso atrofias musculares evidentes.

Estas señales aunque en muchos casos se normalizan, pueden ser indicadores tempranos de dolor antes de una cojera evidente.

El casco como historial oculto

Una correcta valoración del casco no solo habla del presente, sino que nos puede aportar datos pasados y ayudar a prevenir problemas futuros antes de que se manifiesten en cojera.

El casco actúa como un verdadero reflejo de todo lo que sucede por encima de él. Su estructura, formada por un estuche córneo vivo y adaptable, responde constantemente a los cambios, compensaciones y desequilibrios del cuerpo del caballo.

Por este motivo, el profesional encargado de la gestión podológica no debe limitarse únicamente a observar «lo obvio», sino también cómo se mueve el caballo, como apoya, cómo camina y cuál es su estado general. A través de datos aparentemente simples, como las líneas de crecimiento, es posible obtener información valiosa que nos sirve como punto de partida para analizar al caballo en conjunto tanto externa, como internamente.

Del mismo modo, la colaboración del propietario es fundamental. Aportar información sobre el historial del caballo: Lesiones pasadas, cambios de manejo, entrenamientos exigentes, cargas de peso descompensadas durante los entrenamientos, preferencia por el trabajo a una mano u a otra o incluso una mala pisada que sucedió hace años. Resulta clave para una correcta valoración. Toda la información suma y puede ayudarnos a entender el origen de una posible molestia actual.

¿Qué podemos hacer como propietarios? Prevención

No todas las cojeras aparecen como consecuencia directa de una lesión concreta. En muchas ocasiones, son el resultado de un cúmulo de factores que, mantenidos en el tiempo, terminan afectando al aparato locomotor del caballo.

Algunos de los aspectos más importantes a tener en cuenta son:

  • Manejo: El entorno en el que el caballo pasa la mayor parte de su día influye directamente en su salud física y mental. Lo ideal es un terreno variado, que incluya superficies duras y blandas, zonas llanas, subidas, bajadas e incluso terreno pedregoso. Aunque no siempre es posible ofrecer todas estas condiciones, si es importante tener en cuenta que el box no debería de ser una alternativa si buscamos una buena salud articular, tendinosa, muscular y mental.

Caballos, Comiendo, Hierba, Campo
  • Alimentación: Tanto los excesos como los déficits en la dieta afectan de forma directa al aparato locomotor. Para que el cuerpo funcione de manera equilibrada y saludable, es imprescindible una alimentación adecuada y adaptada a cada caballo. Cuando existen dudas sobre si su dieta cubre realmente sus necesidades, la mejor opción es contactar con un nutricionista equino que pueda ajustar la ración de forma individual, evitando desequilibrios que, a largo plazo pueden traducirse en problemas físicos.

  • Fisioterapia equina: Las revisiones fisioterapéuticas periódicas, muy importante antes de que aparezcan problemas visibles, son una herramienta muy valiosa de prevención. Permiten detectar tensiones, sobrecargar o compensaciones antes de que se conviertan en lesión.

  • Recorte y gestión del casco: La atención regular de los cascos es esencial, como hemos visto en el bloque anterior. El casco se adapta constantemente al cuerpo del caballo y el entorno que lo rodea, por lo que mantener intervalos de recorte adecuados (cada 5-7 semanas en caballos sanos) ayuda a prevenir desequilibrios. Intervalos demasiado largos, exceso de largura aportando palanca en el breakover, desgaste descompensado o cambios bruscos en el apoyo tras el recorte pueden afectando a otras estructuras del cuerpo.

Una alteración en uno de estos aspectos puede comprometer la salud del resto y una adecuada prevención no se trata de evitar el movimiento. Mas haya de esto, lo necesario es aportar al caballo las condiciones necesarias para que su cuerpo se pueda mantener en equilibrio.

Mas allá de lo que vemos

La cojera es, en la mayoría de los casos, el último aviso. Antes de que aparezca, el cuerpo del caballo nos habla. Solo es necesario aprender a leer las señales que pueden pasar desapercibidas.

Mirar más álla de lo evidente, cuidar cada detalle y entender al caballo como un TODO nos ayuda a no quedarnos solo con la punta del iceberg, sino a abordar el problema desde la raíz.